En diciembre de 2010 se desencadenó un estallido sin precedentes de protestas populares y exigencias de reformas en Oriente Medio y el Norte de África denominado “Primavera Árabe”.El conflicto armado más sangriento de la región fue en Siria, donde como respuesta a la brutal represión del gobierno de Bachar al Asad a las protestas multitudinarias que tuvieron lugar el 15 de marzo de 2011 en la ciudad de Damasco, capital de Siria se desató una guerra civil entre el Régimen, las fuerzas opositoras y las milicias islamitas que continúan hasta hoy. Se están cometiendo crímenes atroces a una escala masiva, y la mitad de la población ha sido desplazada.
Antes de que se desatara la guerra, hace más de 10 años Siria tenía 22,8 millones de habitantes, más de la mitad han sido desplazados a países vecinos.
El Líbano es un país muy pequeño, con una longitud de 250km de largo por 50km de ancho es el país con mayor concentración de refugiados per capita del mundo, donde 1 de cada 5 personas es refugiado. 1,2 millones están directamente asociados a la crisis en Siria y 400.000 son niños de 6 a 4 años. Sólo la mitad tiene acceso a la educación (estadísticas a septiembre de 2016). Be Mine es una ciudad ubicada en el Líbano que limita al norte y al este con Siria. Allí se encuentra uno de los tantos campos de refugiados. Si hay algo presente en todos ellos es la precariedad en la que se encuentran las familias sirias: no tienen papeles, viven –o sobreviven– en campos informales, y esperan a que la guerra termine con la esperanza de algún día regresar. La situación es de colapso: tanto que las escuelas funcionan a dos turnos para ofrecer educación a los niños sirios. El agua y la electricidad funcionan con déficit. La situación de los refugiados es dolorosa y la ayuda internacional no alcanza. Según datos oficiales a septiembre de 2016, el financiamiento humanitario de Naciones Unidas llega al 60% y los fondos son insuficientes.